La vida cambió para siempre

Una nueva estrella prendió en el cielo la noche del 23 de enero. Un fulgor con halos de tierra y brillo de albahaca, que se elevó de tus ojos, para tintinear en el firmamento con compases de copla.

La vida cambió para siempre. Vi cerrarse toda una historia tras tu mirada, ya sin velo, mientras quedábamos huérfanos de capítulos a medias.

Depurado sufrimiento, trocado todo dolor en alma. Ya ángel de la guarda eterno, que te llevaste tanto de mí contigo…

Ya no estás. Me asomo al balcón para buscarte. Sin imperfecciones, habitas en esa estrella perfecta. Brillas, como un poderoso guía en lo más alto de mi mundo.

Oigo tu copla silbada y me llega aroma a hierbabuena. De tu campo.

Pero ya no estas, y yo ya no soy quién era… La vida cambió para siempre.

Episodios antiguos, puertas cerradas, personas atrapadas en páginas de libros caducos. No volverán. Me despido. De todos, menos de tí.

Y ahora me recuerda tu reloj de pulsera: no más tiempo. ¡Vive!

La vida cambió para siempre.

Siento tu abrazo, cuidándome, protegiéndome. Tu halo de tierra y tu brillo de albahaca envuelven mi pecho. Aunque no pueda verte, estás siempre en mí.

En esa estrella prendida en el cielo aquel 23 de enero… En lo más profundo de mi alma.

Alma blanca

Este poema va dedicado a todas esas buenas personas que, con su forma de ser, nos aportan tanto cada día.

Corazón noble,

tierna mirada,

labios sinceros,

manos honradas,

mente que escucha,

alma que calma,

amigo honesto,

conciencia blanca,

amante puro, 

ternura innata,

de carne y hueso,

y sin alas.

Sí, amor,

tú eres mi ángel.

 

¿Tienes la suerte de conocer a alguien así?

Para todos ellos/as, porque…

“En la Tierra también existen ángeles de carne y hueso

que nos iluminan la vida con su presencia”

Estrellas fugaces

A veces, aunque nada parezca venir a favor y nadie confíe en que lo conseguiremos, hay que tener la valentía de primero creer y después perseguir nuestros sueños. Es la única puerta que puede conducirnos a hacerlos realidad.

Nuestros sueños son estrellas fugaces

atravesando el vacío de la noche.

Destellos huyendo de la sombra

de un realismo ciego.

Una verdad en la que nadie confía.

Salvo tú y yo…

Nosotros somos vigías del crepúsculo

recorriendo la oscuridad del ocaso.

Aprendices buscando estelas

en los confines del cielo.

Dos Cazadores del Instante.

“Porque nuestros sueños son estrellas fugaces,

nos hicimos Cazadores del Instante

Protocolo de emergencia

Si algo va mal,

aún podemos imaginar un mundo mejor

y refugiarnos en ese universo inventado

para ti y para mí.

Podemos tendernos las manos,

caminar juntos,

crear las palabras que nos ayuden

a ahuyentar la desdicha.

Podemos tomar el extremo del hilo

que, delgado, suspende

lo que una vez

se llamó esperanza…

Podemos luchar…

no dejar nuestros brazos cruzados.

Repetirnos sin pausa

que todo irá bien”.

Mañanas sin tí..

Las mañanas sin ti son complicadas, porque luego, en todo el día, no dejo de extrañarte:

No sabe igual un café sin tu beso de buenos días,

es como despertar sin el rayo de luz atravesando la persiana,

y sin olor a tostadas.

Nada tiene que ver el frío abrigo de las sábanas

con el abrazo afectuoso de tu cuerpo semidesnudo

reavivando mis constantes vitales.

No se puede comparar el vago ritual de una única taza

con la ceremonia de nuestras cucharillas traviesas

enredadas en la cafeína.

Ni los pies que dudan adentrarse en la mañana

porque faltan tus manos dispuestas a robarme sonrisas

con bromas pesadas.

Un desayuno sin ti es mucho más triste,

augura un día incompleto que encuentra la excusa perfecta

para sentirse extraño.

Te quiero…

Te quiero, porque hay tanto de ti en mí, que me olvido de ser yo para ser tú. Por decir en cada momento, justo lo que me hará sonreír. Que no es tan fácil.

Te quiero, por quedarte cuando todos se han ido… Por quedarte justo conmigo, por sostener las piedrecillas de este camino, con confesiones y descuidos…

Por no juzgarme, tender tu mano, por abrazarme siempre en vano. Por contarme estrellas en las noches en que , simplemente, no hay estrellas. Por eso te quiero.

Porque hay tanto de mí en ti, que me olvido de verme, para verte. Y mi espejo, es tu reflejo, y yo me pierdo… Te quiero, por comprender que no te quiera. Que no te quiera. Por eso, te quiero.

Polvo de rosa…

Pudimos ver el amanecer rozando los costados del cielo, desbaratarse el polvo de rosa en las generosas manos del viento. Todo había terminado. Lo decían unos dedos apuntando a otras coordenadas. Y yo, les creí

“Rosa fresca, Rosa marchita, Rosa seca, Polvo de Rosa”

Luz en la travesía

Ahora estoy aquí, pero yo no he elegido este tramo. Quien entienda bien de la vida sabrá que hay circunstancias que no dependen de uno mismo ni son obra de sus propios pasos. Sabrá que, cuando la luz de verdad escasea, uno tiene que aprender a brillar más que los astros sobre el camino, para así poder distinguir las sendas que van hacia adelante. Sabrá que la única música que, en esos momentos guía, suena desde dentro, igual que el único sol.

También yo sé que, con lágrimas o sin ellas, deberé invocar al Titán que duerme en mi alma. Y que será este Hércules valiente y olvidado quien cante y me ilumine el recorrido. Será quien luche con fuerza y sin descanso contra los monstruos que me salgan al encuentro. Quien siendo yo misma, hará mi mejor y mi peor parte, hasta convertir en segura esta travesía