La niña y el mar

(Dibujo y texto original de: Loli C. Lagos)

<< La niña amaba el mar, aun en las noches más frías y oscuras. Disfrutaba entonces de descubrir lunas llenas y veleros blancos surcando las aguas de su horizonte de sueños… Sabía que podía ser tanto o más mágico que contemplar la vida bajo el sol de la mañana….

Obedecía al susurro del viento: “No dejes de soñar…” >>

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Con esta ilustración y estas palabras, inauguro una nueva sección en mi página: “Bloc de dibujos”, donde publicaré algunas de mis ilustraciones digitales. Dibujos muy planos, simples y sencillos, pero realizados con mucho cariño. Espero que os gusten.

La Pequeña Estrella

Después de un tiempo forzado de desconexión digital, vuelvo hoy al blog para seguir compartiendo con vosotros. En esta ocasión os dejo un relato que presenté como colaboración hace muy poquito en la página “Buenos Relatos” (https://buenosrelatos.com/), una página que os recomiendo visitar porque está llena de escritos extraordinarios.

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La pigmea estrella fulguraba en el negro firmamento, temerosa de que la eterna sombra de la noche le arrebatase sus pequeños destellos. Temía perderse en la lúgubre morada del cielo, devorada por la torva mirada de la oscuridad. Temblaba, desde un minúsculo punto perdido en la infinidad del Universo.

Había otras muchas estrellas mucho más arteras, más grandes, más intensas que, desde lejos, ya habían sido escogidas por algún ser humano para alumbrar sus pasos, y los brillantes astros como ofrenda, honraban los caminos de esos elegidos con la buenaventura, y con fulgurantes brillos desde las esferas celestes.

¿Pero qué tipo de suerte podía ofrecer aquel rescoldo de luz convulso en ciernes de extinción? ¿Quién podría confiar en su débil influjo? Así que, convencida de su desdicha, la estrellita lloraba…

No tenía sentido seguir viviendo en aquel injusto firmamento. No había bellos destinos que escribir con su débil estela… Desesperada, aquella noche, decidió apagarse para siempre.

La Luna, reina de moradas nocturnas, estremecida al intuir las intenciones del pequeño brillo, trató de consolarlo para evitar una nueva tragedia. Cada vez le acompañaban menos estrellas… No podía consentir más tristes desapariciones.

Trató de convencerla desviando parte de su reflejo del sol hacia ella, convirtiendo su luz pálida en un intenso resplandor al que adorar desde la Tierra… Pero nada pudo hacerse, la estrellita no quería servirse de aquella mentira. Atormentada, no atendió a razones.

Desde nuestro suelo, se vio fugaz, una chispa, desprenderse del manto negro y extinguirse en el vacío de la nada. Fue breve, pero verdaderamente intenso.

La pequeña niña sintió cómo su pecho se sobrecogía, y no pudo evitar una lágrima. Cayó entre sus dos pies. No entendió por qué lloraba… No lo entendió, pero lloraba.

Quizás, era su estrella.

“Jamás conocerás con certeza el verdadero valor y alcance de tu brillo, por débil y pequeño que te parezca. Por eso, sigue tu propia naturaleza, sin compararte, sin juzgarte… Cumple tu misión, y sigue brillando… Quizás, sin saberlo, seas la “pequeña” estrella de alguien…”

Cuerpos abstractos

Concierto de Ludovico Einaudi, 1 Noviembre 2007

“Mis dedos avanzan torpes golpeando el teclado… No hay condiciones, no hay tiempos, sólo el placer de aprender, de hacer música… Tú me inspiras…”

Concierto de Ludovico Einaudi

“Es tarde,

se han apagado las luces

no hay nadie…

sólo tu perfume

y una sombra

extendida en el suelo

Tu recuerdo…”

“Se hace tarde,

caen los sigilos claros

Unas manos…

sólo un rostro

y tu “piano” cuerpo

abstracto e inhumano.

Mi ausencia…”

“Es tarde,

se hace tarde,

se han apagado las luces,

caen los siguilos claros.

No hay nadie…

Unas manos…

sólo tu perfume,

sólo un rostro

y una sombra:

tu “piano” cuerpo

extendido en el suelo,

abstracto e inhumano.

Tu recuerdo…

Mi ausencia…”

“Aquel circular espacio del Teatro dormía en la oscuridad de una tenue noche. Sólo había una sombra de luz tendida en el suelo, donde yo me ausentaba, mientras el cuerpo de sus notas rozaban lo tangible”.

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Le seguí desde un palco, en una experiencia única y maravillosa. Una de esas experiencias de sentimientos a flor de piel, vello erizado, corazón encogido y lágrimas en los ojos…

Portentoso y sublime, Einaudi…

Siempre…

Érase una ciudad

Por sus 5 años en nuestra vida…

(2010 – 2015)

“Érase una vez una ciudad

que ni tú ni yo conocíamos…

Mezquita de Córdoba

Urbe misteriosa,

donde nos forzó el destino,

y que nos acogió

durante nuestro primer lustro.

Puente Romano

Lugar de rincones mágicos,

cuna de nuestro amor incipiente,

donde aprendimos a querernos.

Mezquita de Córdoba

Simiente de pasión,

Córdoba morisca y cristiana.

Clavada en las pupilas

y grabada en el alma

desde entonces…

Patios de Córdoba

Sabores y aromas,

a las puertas de una mezquita…

Colores…

florecillas rosas en los patios.”

El aliado

A los que de verdad les importas, se les nota en la forma. En la forma de mirarte, con la que expresan mucho más que simplemente verte. Se les nota en el tono de voz, más cálido de lo habitual y más reconfortante; en la frecuencia, en el número de veces que vienen a buscarte.

Los que de verdad se interesan por tí no pierden el tiempo excusando sus ausencias, están y lo demuestran: “¿Cómo estás?” “¿Cómo te sientes?”, “¿Has dormido?”, “¿Necesitas hablar?”, “Puedes contar conmigo”. Los auténticos aportan, buscan la forma de hacerte sentir protegido, de darte los abrazos que necesites, aunque no los hayas pedido.

Cuando, con su cara malvada, la enfermedad llega a un hogar, inunda cada rincón de  dolor y tristeza. Pero, en su crudeza, también nos enseña una cara bondadosa, aquella que nos recuerda que la vida es frágil. Que nos recuerda que estamos de paso, que debemos valorar cada minuto… Atesorar nuestras vidas y la de nuestros seres queridos… Vidas, que son como suspiros… que en cualquier momento pueden escapársenos de entre los dedos…

Como maestra de la existencia, también la enfermedad nos revela quiénes son los que de verdad nos quieren y se preocupan por nosotros. A veces, descubrimos con sorpresa que, en los momentos más duros, hay personas de siempre que se convierten en extraños y recién llegados que, junto a los que sabes que nunca te fallarán, se izan como aliados de toda y para toda la vida…

“El aliado sólo será aquél que, libremente y de corazón, te quiera y te elija, aquél digno de comprender la batalla, capaz de trascenderla, aquél con la fuerza suficiente para, por amor, conducirse en la tiniebla. Sólo será alguien con un espíritu poderoso, que esté preparado para sobrevolar contigo por encima de las circunstancias.”

Y para eso, como comprenderéis, no todo el mundo tiene el amor ni el valor suficiente.

Alma blanca

Este poema va dedicado a todas esas buenas personas que, con su forma de ser, nos aportan tanto cada día.

Corazón noble,

tierna mirada,

labios sinceros,

manos honradas,

mente que escucha,

alma que calma,

amigo honesto,

conciencia blanca,

amante puro, 

ternura innata,

de carne y hueso,

y sin alas.

Sí, amor,

tú eres mi ángel.

 

¿Tienes la suerte de conocer a alguien así?

Para todos ellos/as, porque…

“En la Tierra también existen ángeles de carne y hueso

que nos iluminan la vida con su presencia”

Serie de microrrelatos: Las tres pasajeras

El tren de la vida está lleno de personas, viaja entre estaciones donde donde unos suben y otros bajan, donde las circunstancias sólo son pasajeras, donde cada cual vive su propia realidad…

PASAJERA 1: LA MAGIA DEL AMOR

Nerviosa, subió al tren. Le temblaban las piernas y decidió sentarse en el primer asiento que pudo. Ilusionada, no pudo contener la agitación de saber que iba a su encuentro. Por primera vez se verían en persona. Por la ventanilla imaginó nubes de algodón y prados verdes. Incluso olió la primavera. Tan sólo era un 2 de octubre. Antes de apearse, sintió mariposas en su barriga y una sonrisa floja se le dibujó en sus jóvenes labios. Pensó: “Este viaje me cambiará la vida”

PASAJERA 2: LA MENTIRA DEL DINERO

Nerviosa, subió al tren. Sin saber muy bien a dónde ir, se sentó en el último asiento. Incómoda, se advirtió el centro de todas las miradas. Por la ventanilla vio pasar todas las paradas, hasta que, en la última, tuvo que apearse. Confusa, recorrió con su tarjeta todas las tiendas de aquella estación y de un centro comercial cercano. Hasta que no cupieron más bolsas en sus manos ni sus brazos pudieron soportar más peso. Pensó que con dinero podría comprarlo todo. Hasta el olvido.

PASAJERA 3: EL DON DE LA SALUD

Fatigada, subió al tren. Exhaló profundamente y, dolorida, intentó flexionar sus rodillas para sentarse. Por fin cayó sobre el asiento. Había estado a punto de perderlo… Cerró los ojos, y derramó una lágrima por todos los trenes que sí que había perdido… Durante el camino fue añorando cada parada, en un repaso de memoria. No le hizo falta ni mirar por la ventanilla. Y antes de quedarse dormida, pensó: “Este será mi último viaje”

Estrellas fugaces

A veces, aunque nada parezca venir a favor y nadie confíe en que lo conseguiremos, hay que tener la valentía de primero creer y después perseguir nuestros sueños. Es la única puerta que puede conducirnos a hacerlos realidad.

Nuestros sueños son estrellas fugaces

atravesando el vacío de la noche.

Destellos huyendo de la sombra

de un realismo ciego.

Una verdad en la que nadie confía.

Salvo tú y yo…

Nosotros somos vigías del crepúsculo

recorriendo la oscuridad del ocaso.

Aprendices buscando estelas

en los confines del cielo.

Dos Cazadores del Instante.

“Porque nuestros sueños son estrellas fugaces,

nos hicimos Cazadores del Instante

Protocolo de emergencia

Compañía y apoyo son buenas medicinas para malos momentos. Contar con alguien que nos comprende o que está atravesando nuestro mismo problema, parece dividir nuestra pena. En ese compartir nuestra mirada parece encontrar consuelo y esperanza y nuestra alma un refuerzo para seguir adelante.

Si algo va mal,

aún podemos imaginar un mundo mejor

y refugiarnos en ese universo inventado

para ti y para mí.

Podemos tendernos las manos,

caminar juntos,

crear las palabras que nos ayuden

a ahuyentar la desdicha.

Podemos tomar el extremo del hilo

que, delgado, suspende

lo que una vez

se llamó esperanza…

Podemos luchar…

no dejar nuestros brazos cruzados.

Repetirnos sin pausa

que todo irá bien”.

Mañanas sin tí..

Las mañanas sin ti son complicadas, porque luego, en todo el día, no dejo de extrañarte:

No sabe igual un café sin tu beso de buenos días,

es como despertar sin el rayo de luz atravesando la persiana,

y sin olor a tostadas.

Nada tiene que ver el frío abrigo de las sábanas

con el abrazo afectuoso de tu cuerpo semidesnudo

reavivando mis constantes vitales.

No se puede comparar el vago ritual de una única taza

con la ceremonia de nuestras cucharillas traviesas

enredadas en la cafeína.

Ni los pies que dudan adentrarse en la mañana

porque faltan tus manos dispuestas a robarme sonrisas

con bromas pesadas.

Un desayuno sin ti es mucho más triste,

augura un día incompleto que encuentra la excusa perfecta

para sentirse extraño.