Polvo de rosa…

Pudimos ver el amanecer rozando los costados del cielo, desbaratarse el polvo de rosa en las generosas manos del viento. Todo había terminado. Lo decían unos dedos apuntando a otras coordenadas. Y yo, les creí

“Rosa fresca, Rosa marchita, Rosa seca, Polvo de Rosa”

Luz en la travesía

Ahora estoy aquí, pero yo no he elegido este tramo. Quien entienda bien de la vida sabrá que hay circunstancias que no dependen de uno mismo ni son obra de sus propios pasos. Sabrá que, cuando la luz de verdad escasea, uno tiene que aprender a brillar más que los astros sobre el camino, para así poder distinguir las sendas que van hacia adelante. Sabrá que la única música que, en esos momentos guía, suena desde dentro, igual que el único sol.

También yo sé que, con lágrimas o sin ellas, deberé invocar al Titán que duerme en mi alma. Y que será este Hércules valiente y olvidado quien cante y me ilumine el recorrido. Será quien luche con fuerza y sin descanso contra los monstruos que me salgan al encuentro. Quien siendo yo misma, hará mi mejor y mi peor parte, hasta convertir en segura esta travesía